Bibliotecas insólitas

Hoy solamente voy a poner un dedo del pie en el agua.

Ando enmimismado con el catálogo de una exposición que ya fue.

En La Casa Encendida y en Arts Santa Mònica, en 2018.

“Exposición colectiva que reflexiona sobre la idea de archivo y de libro como fuente inagotable de sabiduría”

Ahí es nada / todo y más.

À suivre, aussi.

Especializaciones

Aunque las bibliotecas del Consorci se conocen básicamente por su nombre y su ubicación cada una de ellas tiene entre sus estanterías distintos fondos especiales, centros de interés y diversos conjuntos documentales sobre los temas más variados.

Hoy solamente quiero enlazar a los dos listados más generales sobre este aspecto.

En la web del Ajuntament encontramos un listado de enlaces con unas pequeñas introducciones sobre cada temática especializada en este directorio. Desde la A de Arquitectura hasta la V de Viajes, pasando por Comic, Cine, Fotografía, Movimientos Sociales o Música. Si bien puede encontrarse de todo en cualquier biblioteca, es interesante conocer estas especializaciones y dónde pueden encontrarse más materiales sobre un tema más o menos concreto.

La Biblioteca Virtual, de la Diputació, recoge muchas de las especializaciones tanto de la ciudad como de la provincia en esta página y aquellas a las que enlaza desde ella. Es bastante indicativo el Árbol de Categorías : História local, Societat y Art iCultura son los apartados con más fondos especiales mencionados.

La biblioteca permanente

Hace más de doce años trabajo prácticamente todos los domingos por la mañana. Como si diera misas, pero no. Llega un momento en que uno se acostumbra, incluso a eso, a tener el calendario paralelo al de la mayoría.

Pero la mayoría no conoce las excepciones, sino la regla. Por eso la mayoría no sabe que en algunas bibliotecas abrimos los domingos. Llevo todos estos años viendo la cara de sorpresa de quienes se enteran de ello, o bien al hacerse el carnet o bien al preguntar por los horarios.

Aunque en realidad la biblioteca no cierra, del todo, nunca. Hay una biblioteca permanente en servicio, y es la virtual. Si alguien tiene tiempo y curiosidad, puede descubrir muchos recursos y se sorprenderá también con la amplitud del fondo de documentos que puede consumir digitalmente: libros, revistas, comics, películas…

Por un lado la Biblioteca Virtual propiamente dicha. En su menú, desplegando el submenú de Conocimientos, hay acceso a los Estantes virtuales (temáticos), el Trencadís, audiolibros en mp3, documentales musicales del In-Edit TV, películas en línea (eFilm), guías de lectura, y diversas bases de datos, entre otras posibilidades.

También hay enlace a la BiblioDigital (hasta hace poco conocida solamente como eBiblio. En este caso, entrando en la cuenta de usuario con la identificación del carnet personal, el menú que se despliega seguramente sorprenderá a quien nunca se ha parado a buscar qué opciones virtuales le da el carnet. Obviamente durante el confinamiento lo ha descubierto bastante gente, pero yo creo que poca aun, comparado con la gran cantidad de personas que, de saberlo, usarían el recurso.

Es cierto que la oferta de cultura es tan amplia en internet que es difícil llamar la atención del público potencial, pero desde este rincón silencioso y desconocidísimo propongo, a quien casualmente lea esta entrada, entrar y probar.

Solamente así puede después entenderse en el título lo de la biblioteca ‘permanente’. Bien, esta noche de cambio horario, cerramos la hora que nos saltamos. Eso sí. Aunque mañana, domingo, ahí estaré, en la que no es virtual. Como cada domingo, haciendo de auxiliar dominguero. Los domingos son mis miércoles y los jueves mis domingos. Aunque en internet siempre sea, a la vez, lunes por la mañana y viernes por la noche.

Aladi, Argus, Atena

Tres nombres con sonoridad entre mágica y clásica son los nombres de los tres catálogos del Sistema de Lectura Pública de Catalunya.

Para quienes trabajamos en el Consorci de Biblioteques de Barcelona (en la ciudad) y para quienes trabajan en las bibliotecas de la Diba (en la provincia), el catálogo Aladi es el que desde hace muchos años trabajamos prácticamente a diario.

Aladi (enlace aquí) es muy versátil, incluye muchas opciones, permite hacer listados de fichas bibliográficas y de búsquedas concretas, admite valoraciones y comentarios a los documentos, permite la gestión de reservas y renovaciones, suscripciones a boletines, etc.

En su barra lateral incluye una amplia gama de accesos directos a recursos varios, desde bases de datos a guías de lectura, pasando por formularios para sugerir compras o para preguntar cuestiones y enlaces a las diversas actividades o a las ventajas y descuentos que el carnet de usuario implica.

Argus (enlace aquí) es el catálogo de la red de bibliotecas públicas municipales de Tarragona, Terres de l’Ebre, Lleida y Girona. Las opciones son bastante más limitadas que en el caso de Aladi, pero incluye diversos filtros para las búsquedas

Desde esta semana contamos con Atena, http://atena.biblioteques.cat un nuevo catálogo que suma los dos anteriores y permite, aun en período de pruebas, solicitar reservas de documentos cómodamente desde el propio ordenador personal.

Un video sencillo explica cómo hacer las peticiones. De momento el servicio es gratuito pero limitado a dos encargos por cada carnet.

También incluye el enlace al servicio de préstamo digital, BiblioDigital, también llamado eBiblio.

Vamos a ir comprobando el funcionamiento de este nuevo recurso durante las próximas semanas. También podemos ya leer algunos comentarios en Twitter con los hashtags #InnReach y #Atena.

Continuará…

Aquellos rojizos tomos

“Queda prohibida su venta a toda persona que no pertenezca a Círculo”. Esa frase denotaba que lo que uno tenía en las manos era algo exclusivo, especial, distinto.

Siendo un preadolescente, aquellos pequeños tomos de color rojo burdeos de la enciclopedia Lexis 22, eran cada uno de ellos una caja de Pandora. El Círculo de Lectores entregaba dos tomos a los suscriptores no recuerdo si cada dos o cada tres meses, de manera que en dos o tres años llegaron a casa los 22 tomos regulares y varios suplementos.

Recuerdo cómo me fascinaba que en tan poco espacio hubiera tantísima información y tan variada. Recuerdo cómo me miraba y remiraba en el tomo tres las dos páginas completas llenas de colores que acompañaban la entrada de la palabra ‘bandera’. Recuerdo cómo me zambullía en las minibiografías de los personajes históricos, y cómo me sorprendía que al mismo nivel se hablara de artistas de cine o deportistas.

Recuerdo las fichas sobre países, las entradas sobre ciudades y a veces las fotos contiguas que se convertían en los primeros viajes mentales. Recuerdo aquella combinación de hojas, unas con pocas tintas y otras con algunas explosiones de color mediante algún cuadro pop o fauve.

Y también recuerdo los suplementos, especialmente cómo picoteé en el de Gramática, Lengua y Estilo y cómo pasé años con la Guía de Lectura arriba y abajo intentando memorizar ríos, lagos, vocabularios, directorios, apellidos, nombres… todo parecía poder contenerse en ese tomo que me resultaba semi-mágico.

Recuerdo también los 6 tomos -luego descubrí que hubo 10- de la Enciclopedia Básica Argos. Dime por qué, dime qué es, dime dónde está, dime cómo funciona, dime cuéntame y dime quién es. Eran el doble de grandes que los Lexis y con un tono mucho más divulgativo. Recuerdo como aquellas viñetas junto a los pequeños textos en forma de fichas me hacían divagar y soñar despierto.

Aquellos libros rojos fueron el primer fósforo, el metafórico. Cuando ya con catorce o quince años el fósforo real de las cerillas empezó a servir también para encender otros papeles de entrada prohibidos, y cuando empecé a fumarme los días y sus límites, acabó cayéndome en las manos el entonces famoso Libro rojo del cole, con las ilustraciones de Romeu y aquellos textos básicamente auxiliares a la vez que radicales.

O tempora o mores, aquellos libros colorados con los primeros rumores…

Una ejemplar reedición

Hoy he disfrutado de una reedición de un clásico. Se trata de la que ha hecho Libros del Zorro Rojo de La anarquía explicada a los niños (1931). El autor, hace 90 años, fue José Antonio Emmanuel -este era uno de los seudónimos utilizados por José Ruiz Rodríguez, primo del pintor Pablo Ruiz Picasso, pedagogo, filántropo y divulgador de las ideas libertarias, y que fundó la Biblioteca Anarquista Internacional (BAI).

El libro es tan sencillo como contundente. El texto introductorio es para definir la anarquía, y es sin duda una descripción concisa de todas las bondades de la ‘doctrina’, oponiéndolas a las maldades pormenorizadas del militarismo, el clericalismo y el capitalismo. En la segunda parte plantea el cómo llegar a la anarquía y lo explica también con claridad mediante lo que deberían hacer la escuela, el sindicato y el ateneo.

La tercera parte es la más hermosa por las ilustraciones que acompañan a los textos, con diez postulados que deben seguirse para «hacerse dignos de la Anarquía y dignificar su vida». Son estos: Ayuda, Apoya, Copia lo bello, Labora, Estudia, Ama, Protege, Cultiva, No tengas esclavos y Trabaja. Cada uno de ellos brevemente explicados, y en esta edición de Libros del Zorro Rojo, con unas ilustraciones estupendamente adecuadas al tono y al tiempo del texto. Sus autoras son las dos componentes de Fábrica de Estampas.

Se han hecho hasta ahora bastantes versiones del ‘folleto’ de 1931, algunas como la chilena editada por EDA que se enlaza aquí modificando los contenidos y otras directamente desde el muy ácrata formato del fanzine (aquí un ejemplo visitable en Issuu)

Volviendo a la edición de Zorro Rojo, el libro es sencillamente un regalo para los sentidos. Me ha recordado el acierto que también tuvieron en la editorial Media Vaca para reeditar/renovar los cuatro libros también ‘para niños’ del Equipo Plantel de finales de los 70. Da gusto ver qué gran gusto, precisamente, gastan algunas editoriales, en la difícil tarea de actualizar obras que en su momento fueron paradigmáticas.

Palabras más

Desde la infancia empezamos a aprenderlas y ya luego es un no parar de acumular. Palabras. Más palabras. Cada nueva palabra que se aprende es algo más que se conoce, es algo más que se visita. Se amontonan pero cada una guarda su especifidad. Algunas son fruto de la fusión de otras dos. O de la fusión con afijos. Forman familias, vecindarios, ciudades inmensas y paisajes en cada idioma. Cuantos más idiomas, más palabras. Ese ya es de por sí un motivo para aprender más y más.

Uno encuentra y reencuentra palabras, lexemas, monemas, fonemas, todo tipo de piezas en el rompecabezas que es cada lengua, cada dialecto y cada idiolecto. Las letras son a la vez corsé y larga capa de las palabras.

Y escribir es juntar palabras. Por más que juntaletras suene despectivo, desde el más inculto hasta Borges, cualquiera que haya escrito algo ha ejercido de juntaletras. El abismo del palabrismo mismo es también la chimenea por donde la verborrea humea. El lenguaje es juego y pillaje. Truco y detalle y remate, sonido y silencio, todo en uno y en libros o en libretas o hasta en la famosa nube, ahora, todo.

Las palabras siguen ahí, y sus causas, perdidas o reencontradas, sus étimos y sus casuales rimas, y sus acepciones y sus menciones y sus números, finitos o casi infinitos, millones. Cuando alguien quiere conocer más y más palabras, sumergirse en un nuevo idioma es siempre grato, sean meses, sean años o sea un rato. Ahí los diccionarios son como grandes almacenes, cada letra una planta pero tampoco solo eso, pues también hay palabras en pictogramas. Y tantas palabras raras sobre las palabras. Como las pasilalias. Como las algarabías. Como las tablas.

Y a veces ocurre. Alguien se saca de la manga una nueva. Y hasta puede querer decir algo. Algo nuevo, si cabe. Y a veces cabe porque había sitio. A mí me gusta inventarme palabras. Inventé una hace ahora 15 años: la ugrafía. Me sirve de marca. Soy un ugrafiador, el ugrafiador. Si la busco, al menos si la busco en la nube, me veo. Y hace menos de dos meses me inventé otra: el heptablogging. Y si la googleo ya, solamente semanas más tarde, me rastreo. Qué tiempos modernos, estos, en que no hace falta pasar por la imprenta para hacer nacer una nueva palabra. Basta con hacerla hashtag. Y ahí queda, si cabe, y hasta puede tejer y ser texto y téxtil y aunque quizás inútil, pues puede ser artefacto o artilugio o simplemente otra. Otra palabra.

Y otra semana, hilvanando así, y los sábados aquí, más y más puntos y aparte. Ugrafiando, que es gerundio. Y andando entre palabras, que de eso este, ahora ya, escrito, trataba y trata.

Y ahora los del 7

Hace dos semanas escribí aquí sobre la clasificación decimal de Dewey presentando los diez bloques básicos. El bloque ‘del 7’ y que después se ramifica en diez grupos y en cien detalles, quedaba considerado en ese esquema a grosso modo como el dedicado a “Artes y recreación”.

Visto más de cerca serían prácticamente todos para las artes, del 71 al 78, y el 79 para la tal recreación (incluyendo juegos y deportes)

Básicamente podría resumirse así:
7.01 Teoría del arte.
7.03 Historia del arte
7.04 Iconografía, símbolos
71 Urbanismo. Jardines. Paisajismo.
72 Arquitectura
73 Artes plásticas. Escultura. Cerámica.
74 Dibujo. Decoración. Artes industriales.
75 Pintura
76 Grabado.
77 Fotografía.
78 Música.
791 Espectáculos (del circo a la radio y la televisión)
792 Teatro y danza
793 Manualidades
794 Juegos de mesa
796 Deportes

Se trata de un esquema sencillo pero cada sistema bibliotecario añade o sustrae algún epígrafe o incluso puede mover algún concepto, pero básicamente eso es lo que encontramos en los tejuelos con un 7 a la izquierda.

Luego llegan los matices. En el 7.03 las especializaciones por edades o períodos cronológicos, desde el 7.031 del arte primitivo al 7.036 del contemporéneo pasando por el medieval, el renacentista, etc.

El 72 para la arquitectura puede extenderse a 725 para la civil o 726 para la religiosa, el 728 para ‘la casa’… El 73 se ‘alarga’ a 737 para la numismática o el 738 para la cerámica, por ejemplo.

En el 74 encontramos muchos en el 741.5 pues es el apartado para el munco del comic, las viñetas, el humor gráfico… pero también del 745 al 749 las artes decorativas.

El 75 incluye muchos libros monográficos sobre los artistas, y los paréntesis funcionan como con las biografías. Así los de Picasso son 75 (Pic) Xxx (siendo las tres últimas letras las primeras del apellido del autor) o los Velázquez 75 (Vel) Xxx.

Al llegar al 77 nos encontramos con un claro ejemplo de cómo una subdivisión con camino de 200 años como es la de Dewey se ha ido adaptando a las novedades. El 77 era de entrada para la fotografía. Pero ¿y el cine, que apareció más tarde? Pues el 778.5 y por tanto los libros sobre Kubrick 778.5(Kub) van junto a los de Kurosawa 778.5(Kur) y etcétera y cinematógrafa. Incluso se despuntan los específicos sobre guiones, que son 778.59.

En la música también encontramos muchos sobre autores, como los 78(Moz) para los de Mozart o los 78(Zap) para los de Zappa. Y también otras ramificaciones, especialmente la 78.085.3 para la historia del rock, la 782 para la ópera y la 786 para los instrumentos.

Igual que pasó con lo del cine, al llegar al 791, que era el número de los espectáculos públicos como el circo, se fue estirando el tejuelo hacia el 791.4 para lo que eran libros sobre la radio y la televisión (los circos más modernos, claro)

En el 794 van juegos de cálculo y precisión, muchos sobre ajedrez con el 794.1 y bastantes menos pero también para el billar 794.7. En el 795 los juegos de azar.

En el 796 se van poniendo en fila todos los deportes, sobre todo los que se juegan con pelota, todos 796.3… que se especifican con detalle en función de si se impulsa con la mano, con el pie, con raquetas, con palos, añadiéndose números diferentes según el caso. Hay por ejemplo sobre baloncesto el 796.323, el fútbol el 796.332, el tenis el 796.342… es fácil confundirlos pero también es una forma clara de ordenarlos. Finalmente el 797 es para deportes en el mar o el aire, el 798 para equitación y el 799 para pesca, caza y tiro. Pam.

Si uno busca entretenerse, en el apartado del 7 tiene para un buen rato. Tanto con las artes como con las diversiones, si acaso no son ambas cosas dos partes de una misma cosa, según se mire.

La imagen que acompaña esta bibliUgrafía está sacada de un interesante artículo que enlazo aquí.

La etiqueta de los amores

Aunque aquí ese día es más bien el primaveral 23 de abril, también es costumbre, seguramente por ser norteamericana, que mañana , 14 de febrero, se considere como el día de los enamorados.

Y bien, en una biblioteca ¿cual sería el estante que más se relaciona con este asunto? Las novelas, tanto las románticas como las eróticas, igual que lo que se cataloga como chick lit o como lgtbi, suelen estar ordenadas no por tema sino por las tres primeras letras del apellido del autor o autora tras la N de narrativa en el tejuelo. Como ya comenté hace dos semanas, hay unos distintivos llamados pictos que normalmente van en la parte alta del lomo del libro. Por ello algunos rincones de la biblioteca tienen grupitos de pictos por causa de alguna autoría prolífica del género. Es el caso de los corazones a la altura de la N Pil de Pilcher, los tacones altos en la N Key de Keyes, los labios en las N Jam de James… pero todo eso es respecto a la narrativa.

De todas formas, el rincón más amoroso de la biblioteca es aquel donde se rozan los tejuelos del 177.6. La semana pasada coloqué en el post anterior la división de las diez clases básicas de la CDU. En las del 100 se entiende que van las obras de Filosofía y Psicología, y dentro sus subdivisiones: En el 17 y el 170 van las de Ética y Moral. En el 177 las de relaciones sociales privadas. EL 177.1 sobre urbanidad y cortesía, el 177.3 sobre sinceridad y calumnia, el 177.7 sobre filantropía y el 177.8 sobre misantropía y así finalmente en el 177.6 van los libros que tratan la amistad y el amor.

Cuando empecé a trabajar en bibliotecas reconocía pocos temas mediante los tejuelos, y los primeros meses en los que más me fijaba y por tanto más iba conociendo eran en los del 3 y 300 (sociales) y los del 9 y 900 (historia y geografía), básicamente. No tenía muy por la mano los 17, no.

Pero resultó que la vida me regaló ese asunto, también. Podría ‘decirlo con flores’ pero voy a intentar decirlo con tejuelos… Conocí a una mujer (sobre mujeres hablan los 30.055.2) que vino a mi ciudad desde Brasil (país que es el 91(81)) para estudiar cuestiones de urbanismo (711.4) y acceso a la vivienda (347.2) y que cambió totalmente para bien mi 613.7 (ejercicio físico y salud) y mi corazón (612.17) haciéndome sentir mucho del 177.6 (ejem, ejem, pues eso, mucho amor). Todo ello cambió mi biografía (92(Pak)), aun por redactar, dicho sea de paso. Estamos ahora disfrutando de los cotidianos 793.2 (reuniones y fiestas familiares) con nuestro hijo y esperando poder volver a hacer 910.4 (viajes) por todo el mundo (91(100)).

Volviendo a la etiqueta de los amores un pequeño repaso por ese tejuelo del 177.6 da una interesante “bibliugrafía”… Unos 400 libros en el catálogo de la XBMB… desde los de Francesco Alberoni a los de Brigitte Vasallo pasando por los de Manuel Cruz, Helen Fisher, Erich Fromm, Jean-Claude Kaufmann, Elena Ochoa, Ortega y Gasset, Carmen Posadas, Nativel Preciado, Stendhal, etcétera etcétera. Todo un mundo de pensamientos sobre sentimientos y viceversa. Ahí están, en su rincón, bailando -o no- bien pegados… (à suivre)…

Los tejuelos del 9

En las bibliotecas normalmente los libros están agrupados en, digamos, dos bloques: los de ficción y los de no ficción. Esta división preliminar también es la que siguen los periódicos cuando publican listados de los títulos más vendidos.

Los de no-ficción se dividen siguiendo alguna adaptación (hay muchas pero en lo básico son muy similares) de la C.D.U., clasificación patentada en 1876 por un joven bibliotecario, Melvil Dewey, (aunque murió con 80 años la publicó e hizo servir con veintitantos)

Si se conoce como ‘decimal’ es porque la conforman 10 grandes clases:

  • 000 – Enciclopedias, Información y Biblioteconomía.
  • 100 – Filosofía y Psicología.
  • 200 – Religión, Teología.
  • 300 – Ciencias Sociales.
  • 400 – Lenguas.
  • 500 – Ciencias Básicas (o Puras).
  • 600 – Tecnología y Ciencias Aplicadas.
  • 700 – Artes y recreación.
  • 800 – Literatura.
  • 900 – Historia y Geografía

Como cualquier otra división arbitraria, tiene sus pros y sus contras, pero el hecho de que siga siendo referente a día de hoy, después de casi siglo y medio, acredita su funcionalidad práctica. Claro está que de haber sido una clasificación más actual los paradigmas hubiesen sido otros. Pero aquellos primeros troncos fueron desplegando sus ramas (y ese despliegue ya es otro tema que algún día comentaré aquí con ejemplos).

Voy a empezar por ‘los tejuelos del nueve’. Fue lo que estudié en la universidad en los ochenta. Bien, en rigor estudié mucho “del 7” pues muchas de mis asignaturas fueron de Historia del Arte, pero justamente después de la carrera, preparando oposiciones a profesor de Geografía e Historia, fueron los asuntos “del 9” los que más codos me gastaron. En la XBMB la adaptación de la CDU también supone muchos números a la derecha del 9 y si van entre paréntesis pueden indicar también más concretamente el país o los países tratados con esa signatura.

De manera que si uno busca una historia universal el paréntesis será un (100) y el tejuelo un 9 (100) etc. Si es de geografía mundial un 91 (100), si es un atlas, esto es, cartografía, un 912 (100). Si es un compendio de biografías también universales un 92 (100).

Si se trata de Historia Antigua 9(3)… y más ramas y ramilletes… 9(32) para el Antiguo Egipto; 9(37) para Roma,… Pasando al 9(4) es Historia de Europa… 9(45) de Italia, 9(46) de España… el 9(5) de Asia, etc. Cuando son de geografía el 9 es un 91 pero los números a la derecha presentan la misma clasificación. Son como de punto y aparte los libros de viaje 910 y 910.4 y volvemos al mismo esquema: 910.4 (52) es un libro de viaje por Japón y un 910.4 (46.712) otro por Girona. También las guías de viaje… 91(026)(73) es el de las de los Estados Unidos mientras que las 91(026)(81) son las de Brasil.

Así de golpe puede parecer un galimatías pero al final esos números se asientan en la memoria hasta el punto de sustituir el topónimo por la cifra.

Y las biografías, con su 92, tres letras entre paréntesis son las primeras del nombre o apellido de la persona biografiada, las tres letras posteriores de la persona que la escribe. Cuando se repiten casi siempre se trata de autobiografías. Y los 929 sobre apellidos y heráldica y los 929.1 sobre nombres personales…

Al final toda la C.D.U. es un mapa de mapas. Y como todos los mapas,
tienen sus curiosidades, sus atajos, sus casualidades. Los tejuelos del 9 son los que nos hacen pasear por los rincones del planeta y por el tiempo pasado.