Y ahora los del 7

Hace dos semanas escribí aquí sobre la clasificación decimal de Dewey presentando los diez bloques básicos. El bloque ‘del 7’ y que después se ramifica en diez grupos y en cien detalles, quedaba considerado en ese esquema a grosso modo como el dedicado a “Artes y recreación”.

Visto más de cerca serían prácticamente todos para las artes, del 71 al 78, y el 79 para la tal recreación (incluyendo juegos y deportes)

Básicamente podría resumirse así:
7.01 Teoría del arte.
7.03 Historia del arte
7.04 Iconografía, símbolos
71 Urbanismo. Jardines. Paisajismo.
72 Arquitectura
73 Artes plásticas. Escultura. Cerámica.
74 Dibujo. Decoración. Artes industriales.
75 Pintura
76 Grabado.
77 Fotografía.
78 Música.
791 Espectáculos (del circo a la radio y la televisión)
792 Teatro y danza
793 Manualidades
794 Juegos de mesa
796 Deportes

Se trata de un esquema sencillo pero cada sistema bibliotecario añade o sustrae algún epígrafe o incluso puede mover algún concepto, pero básicamente eso es lo que encontramos en los tejuelos con un 7 a la izquierda.

Luego llegan los matices. En el 7.03 las especializaciones por edades o períodos cronológicos, desde el 7.031 del arte primitivo al 7.036 del contemporéneo pasando por el medieval, el renacentista, etc.

El 72 para la arquitectura puede extenderse a 725 para la civil o 726 para la religiosa, el 728 para ‘la casa’… El 73 se ‘alarga’ a 737 para la numismática o el 738 para la cerámica, por ejemplo.

En el 74 encontramos muchos en el 741.5 pues es el apartado para el munco del comic, las viñetas, el humor gráfico… pero también del 745 al 749 las artes decorativas.

El 75 incluye muchos libros monográficos sobre los artistas, y los paréntesis funcionan como con las biografías. Así los de Picasso son 75 (Pic) Xxx (siendo las tres últimas letras las primeras del apellido del autor) o los Velázquez 75 (Vel) Xxx.

Al llegar al 77 nos encontramos con un claro ejemplo de cómo una subdivisión con camino de 200 años como es la de Dewey se ha ido adaptando a las novedades. El 77 era de entrada para la fotografía. Pero ¿y el cine, que apareció más tarde? Pues el 778.5 y por tanto los libros sobre Kubrick 778.5(Kub) van junto a los de Kurosawa 778.5(Kur) y etcétera y cinematógrafa. Incluso se despuntan los específicos sobre guiones, que son 778.59.

En la música también encontramos muchos sobre autores, como los 78(Moz) para los de Mozart o los 78(Zap) para los de Zappa. Y también otras ramificaciones, especialmente la 78.085.3 para la historia del rock, la 782 para la ópera y la 786 para los instrumentos.

Igual que pasó con lo del cine, al llegar al 791, que era el número de los espectáculos públicos como el circo, se fue estirando el tejuelo hacia el 791.4 para lo que eran libros sobre la radio y la televisión (los circos más modernos, claro)

En el 794 van juegos de cálculo y precisión, muchos sobre ajedrez con el 794.1 y bastantes menos pero también para el billar 794.7. En el 795 los juegos de azar.

En el 796 se van poniendo en fila todos los deportes, sobre todo los que se juegan con pelota, todos 796.3… que se especifican con detalle en función de si se impulsa con la mano, con el pie, con raquetas, con palos, añadiéndose números diferentes según el caso. Hay por ejemplo sobre baloncesto el 796.323, el fútbol el 796.332, el tenis el 796.342… es fácil confundirlos pero también es una forma clara de ordenarlos. Finalmente el 797 es para deportes en el mar o el aire, el 798 para equitación y el 799 para pesca, caza y tiro. Pam.

Si uno busca entretenerse, en el apartado del 7 tiene para un buen rato. Tanto con las artes como con las diversiones, si acaso no son ambas cosas dos partes de una misma cosa, según se mire.

La imagen que acompaña esta bibliUgrafía está sacada de un interesante artículo que enlazo aquí.

La etiqueta de los amores

Aunque aquí ese día es más bien el primaveral 23 de abril, también es costumbre, seguramente por ser norteamericana, que mañana , 14 de febrero, se considere como el día de los enamorados.

Y bien, en una biblioteca ¿cual sería el estante que más se relaciona con este asunto? Las novelas, tanto las románticas como las eróticas, igual que lo que se cataloga como chick lit o como lgtbi, suelen estar ordenadas no por tema sino por las tres primeras letras del apellido del autor o autora tras la N de narrativa en el tejuelo. Como ya comenté hace dos semanas, hay unos distintivos llamados pictos que normalmente van en la parte alta del lomo del libro. Por ello algunos rincones de la biblioteca tienen grupitos de pictos por causa de alguna autoría prolífica del género. Es el caso de los corazones a la altura de la N Pil de Pilcher, los tacones altos en la N Key de Keyes, los labios en las N Jam de James… pero todo eso es respecto a la narrativa.

De todas formas, el rincón más amoroso de la biblioteca es aquel donde se rozan los tejuelos del 177.6. La semana pasada coloqué en el post anterior la división de las diez clases básicas de la CDU. En las del 100 se entiende que van las obras de Filosofía y Psicología, y dentro sus subdivisiones: En el 17 y el 170 van las de Ética y Moral. En el 177 las de relaciones sociales privadas. EL 177.1 sobre urbanidad y cortesía, el 177.3 sobre sinceridad y calumnia, el 177.7 sobre filantropía y el 177.8 sobre misantropía y así finalmente en el 177.6 van los libros que tratan la amistad y el amor.

Cuando empecé a trabajar en bibliotecas reconocía pocos temas mediante los tejuelos, y los primeros meses en los que más me fijaba y por tanto más iba conociendo eran en los del 3 y 300 (sociales) y los del 9 y 900 (historia y geografía), básicamente. No tenía muy por la mano los 17, no.

Pero resultó que la vida me regaló ese asunto, también. Podría ‘decirlo con flores’ pero voy a intentar decirlo con tejuelos… Conocí a una mujer (sobre mujeres hablan los 30.055.2) que vino a mi ciudad desde Brasil (país que es el 91(81)) para estudiar cuestiones de urbanismo (711.4) y acceso a la vivienda (347.2) y que cambió totalmente para bien mi 613.7 (ejercicio físico y salud) y mi corazón (612.17) haciéndome sentir mucho del 177.6 (ejem, ejem, pues eso, mucho amor). Todo ello cambió mi biografía (92(Pak)), aun por redactar, dicho sea de paso. Estamos ahora disfrutando de los cotidianos 793.2 (reuniones y fiestas familiares) con nuestro hijo y esperando poder volver a hacer 910.4 (viajes) por todo el mundo (91(100)).

Volviendo a la etiqueta de los amores un pequeño repaso por ese tejuelo del 177.6 da una interesante “bibliugrafía”… Unos 400 libros en el catálogo de la XBMB… desde los de Francesco Alberoni a los de Brigitte Vasallo pasando por los de Manuel Cruz, Helen Fisher, Erich Fromm, Jean-Claude Kaufmann, Elena Ochoa, Ortega y Gasset, Carmen Posadas, Nativel Preciado, Stendhal, etcétera etcétera. Todo un mundo de pensamientos sobre sentimientos y viceversa. Ahí están, en su rincón, bailando -o no- bien pegados… (à suivre)…

Los tejuelos del 9

En las bibliotecas normalmente los libros están agrupados en, digamos, dos bloques: los de ficción y los de no ficción. Esta división preliminar también es la que siguen los periódicos cuando publican listados de los títulos más vendidos.

Los de no-ficción se dividen siguiendo alguna adaptación (hay muchas pero en lo básico son muy similares) de la C.D.U., clasificación patentada en 1876 por un joven bibliotecario, Melvil Dewey, (aunque murió con 80 años la publicó e hizo servir con veintitantos)

Si se conoce como ‘decimal’ es porque la conforman 10 grandes clases:

  • 000 – Enciclopedias, Información y Biblioteconomía.
  • 100 – Filosofía y Psicología.
  • 200 – Religión, Teología.
  • 300 – Ciencias Sociales.
  • 400 – Lenguas.
  • 500 – Ciencias Básicas (o Puras).
  • 600 – Tecnología y Ciencias Aplicadas.
  • 700 – Artes y recreación.
  • 800 – Literatura.
  • 900 – Historia y Geografía

Como cualquier otra división arbitraria, tiene sus pros y sus contras, pero el hecho de que siga siendo referente a día de hoy, después de casi siglo y medio, acredita su funcionalidad práctica. Claro está que de haber sido una clasificación más actual los paradigmas hubiesen sido otros. Pero aquellos primeros troncos fueron desplegando sus ramas (y ese despliegue ya es otro tema que algún día comentaré aquí con ejemplos).

Voy a empezar por ‘los tejuelos del nueve’. Fue lo que estudié en la universidad en los ochenta. Bien, en rigor estudié mucho “del 7” pues muchas de mis asignaturas fueron de Historia del Arte, pero justamente después de la carrera, preparando oposiciones a profesor de Geografía e Historia, fueron los asuntos “del 9” los que más codos me gastaron. En la XBMB la adaptación de la CDU también supone muchos números a la derecha del 9 y si van entre paréntesis pueden indicar también más concretamente el país o los países tratados con esa signatura.

De manera que si uno busca una historia universal el paréntesis será un (100) y el tejuelo un 9 (100) etc. Si es de geografía mundial un 91 (100), si es un atlas, esto es, cartografía, un 912 (100). Si es un compendio de biografías también universales un 92 (100).

Si se trata de Historia Antigua 9(3)… y más ramas y ramilletes… 9(32) para el Antiguo Egipto; 9(37) para Roma,… Pasando al 9(4) es Historia de Europa… 9(45) de Italia, 9(46) de España… el 9(5) de Asia, etc. Cuando son de geografía el 9 es un 91 pero los números a la derecha presentan la misma clasificación. Son como de punto y aparte los libros de viaje 910 y 910.4 y volvemos al mismo esquema: 910.4 (52) es un libro de viaje por Japón y un 910.4 (46.712) otro por Girona. También las guías de viaje… 91(026)(73) es el de las de los Estados Unidos mientras que las 91(026)(81) son las de Brasil.

Así de golpe puede parecer un galimatías pero al final esos números se asientan en la memoria hasta el punto de sustituir el topónimo por la cifra.

Y las biografías, con su 92, tres letras entre paréntesis son las primeras del nombre o apellido de la persona biografiada, las tres letras posteriores de la persona que la escribe. Cuando se repiten casi siempre se trata de autobiografías. Y los 929 sobre apellidos y heráldica y los 929.1 sobre nombres personales…

Al final toda la C.D.U. es un mapa de mapas. Y como todos los mapas,
tienen sus curiosidades, sus atajos, sus casualidades. Los tejuelos del 9 son los que nos hacen pasear por los rincones del planeta y por el tiempo pasado.

Para gustos, tejuelos

“Pequeñas etiquetas de papel adhesivo”. Así di hace dos semanas por definido el sustantivo tejuelo. Y bien, hoy por hoy básicamente es eso. Antiguamente eran piezas de tela cosida o ligada al lomo del libro, pero actualmente son etiquetas que portan información sobre el volumen en que se enganchan. Esa información acostumbra a ser lo que llamamos ‘signatura topográfica’, es decir, el signo o código que indica la localización del documento en la biblioteca.

Claro está que el tejuelo convive a menudo con otros distintivos. En las bibliotecas catalanas acostumbramos a llamar ‘pictos’ a otras piezas adhesivas que incluyen una diversidad ingente de símbolos, dibujos, siglas, etcétera, dependiendo del caso. Itinerando por todas las bibliotecas de Barcelona he llegado a ver, sin exagerar, al menos dos centenares de pictos distintos. A menudo son variaciones sobre distintos temas, pero el abanico de posibilidades es inmenso. Se podría hacer un inventario bien extenso.

Pongo un ejemplo para que se entienda mejor: el de los pictos que se refieren a libros sobre el embarazo, el parto y los primeros meses de vida. Suelen estar en las secciones infantiles en el apartado que llamamos ‘racó de famílies’. Pues bien, el picto puede ser desde el dibujo de un icono de la madre y el bebé a un canguro con las siglas EPN (Embaràs, part, nadó) pasando por dibujitos de biberón, de un chupete o de un bebé orondo y sonriente… La cuestión es que el picto siempre indica visualmente el asunto, tanto o más que la signatura. Cada biblioteca elige la imagen, la gama, el estilo de esos distintivos, mientras que la idea es que cualquier persona usuaria descodifique rápidamente la información visual.

También dan color los que llamamos ‘gomets’ (pegatinas?), unos adhesivos normalmente circulares y de un centímetro de diámetro aproximadamente. Según el color identifican la franja de edad a la que se supone que va dirigido el libro cuando se ha catalogado como narrativo o ‘de imaginación’. Así los dirigidos a los más pequeños llevan un gomet azul, a partir de 7 años un gomet rojo, de 11 en adelante un gomet verde y los de la llamada JN (novela juvenil) llevan un gomet amarillo. También es un sistema muy visual. Aunque después se organicen y se coloquen finalmente por orden alfabético según autor, generalmente, o título, a veces, el primer referente para separar unos de otros tras recogerlos de los buzones de retorno es el código de los colores de los gomets, mezclado a veces también con el código variable de los pictos.

Los 4 tipos de gomet infantil/juvenil

En las bibliotecas escolares también suele seguirse el mismo sistema, si bien con menos rigor pues no depende de directrices para una red, sino de prácticas más particulares. Y bien, saliendo de las salas infantil y juvenil, los tejuelos también conviven con toda una gama de pictos, etiquetas ad hoc, iconos de centros de interés, banderitas diversas por distintos idiomas o la de los colores del arco iris, notas de año de edición por ejemplo en guías de viaje o en libros de informática, corazones para la novela romántica, pistolas o lupas para las policíacas, torreones para las históricas, unicornios o cohetes para las fantásticas, smileys para las humorísticas, labios para las eróticas, navíos para las de aventuras, etcétera.

La cuestión es que paseando la mirada por los lomos de los libros, incluso antes de leer ni una sola letra del título o de su autoría, podemos sentirnos ya en toda una noria de primeras impresiones.

El silencio de los tejuelos

Si algún sonido se relaciona con las bibliotecas es precisamente el del silencio. Se presupone, vaya. La biblioteca es un lugar de quietud, frecuentemente visitada como espacio de aislamiento sensorial. Un espacio donde entrar y salir sin llamar al timbre y sin dar portazos. Un mar de aire en calma donde volar sin motor.

También es cierto que todo eso era más que es. Las bibliotecas públicas hace ya tiempo que se alejan de esa imagen de remanso. El silencio presupuesto tiene inesperados depredadores. Los teléfonos móviles que súbitamente suenan, los murmullos previos a las actividades programadas, los inocentes berrinches de los más pequeños o los acuses de sordera de los más mayores y, entre ambos, la indolencia de quien vive todos los lugares comunes como si todos ellos fueran distintas plantas de un centro comercial.

A todo ello asisten, silenciosos, los tejuelos. En los estantes, todos en fila más o menos india, seguidos en cada renglón hasta cada lomo y aparte.

Algunos de ellos se saben parte de pequeños grandes grupos… Por ejemplo entre las novelas, todos los tejuelos N Chr de las de Agatha Christie, los N Kaf de Kafka, los N Zwe de Stefan Zweig… Algunos además de juntos van revueltos, como los de las novelas de Camus y de Camilleri o las de Lark y de Larsson, o las de Marsé y las de Martín y de Martinez y de Mar…etcétera.

Ocurre también entre los llamados ‘conocimientos’, esos tejuelos antes que nada con números: algunos también se repiten fácilmente… Entre los del 155 tenemos los 155 Byr de Byrne, los 155 Pun de Punset, o los 155 Roj de Rojas, entre las biblias los 21 Bib o entre los de gastronomía los 641 Coc o entre los atlas los 912 (100) Atl. En infantil se imantan entre sí los IC Iba de Ibáñez, los I** Sti de Stilton, los I*** Bly de Blyton. Entre los compactos musicales comparten cartel los de Beatles, Beach o Beastie Boys, todos CD 2.BEA y por último entre las películas son multitud los DVD Ult.

Pese a esas repeticiones más o menos azarosas la mayoría de los tejuelos esperan ser identificados, precisamente, por su individualidad. Esperan ahí, silenciosamente, sin levantar su tinta. Solamente cuando han sido furtivamente desordenados, al estar, a veces un palmo, a veces un metro, a veces una planta, mal ubicados, parecen susurrar “por favor, recolócame, no sea que me vaya a perder”.

De teixells y de tejuelos

Me pasaría días enteros hablando de esas pequeñas etiquetas de papel adhesivo. Y son solamente eso: pequeñas etiquetas de papel adhesivo. De hecho muy poca gente conoce su nombre ‘técnico’, a pesar de que cualquier persona que tenga un libro de alguna biblioteca puede comprobar que está ahí bien pegado a su objeto y razón de ser. Normalmente en la esquina inferior del lomo del libro. Aunque los discos compactos y los de video suelen llevarlo en el frontal, generalmente arriba a la derecha bajo el sobre plástico.

Podría hablar y divagar semanas recordando y proyectando cosas que me han pasado por la cabeza desde el indefinido momento en que alguien me dijo que a eso se le llamaba ‘teixell’. De hecho tardé algunos años en oir la palabra en castellano: tejuelo. En la red de bibliotecas de Barcelona al ‘teixell’ le llamamos teixell, como a la baldosa le llamamos rachola o al destornillador tornavís. Raro es oir la forma castellana, tejuelo. Suenan bien distinto pero son siempre solamente eso: trocitos de adhesivo blanco con números o/y letras o/y números con/o sin paréntesis y con/o sin comillas y así hasta el infinito y vuelta a empezar.

Desde hace ya más de una década los tejuelos/teixells son la guarnición de mis jornadas, ya sea cuando coloco o reordeno los libros o los audiovisuales, ya sea cuando me encargo de sustituir unos ya obsoletos por otros nuevos, en función de decisiones de cambio de la referencia en el catálogo o sencillamente porque se evaporó su tinta y se han vuelto casi ilegibles.

El caso es que cada tejuelo en el mundo, como cada teixell aquí en Barcelona, comporta y conlleva y comparte esa doble condición: su insignificancia en el sentido de que son trocitos reemplazables de papel y su significado simbólico, pues algunos dicen mucho más de lo que parece que dicen.

Tantas y tantas cuestiones se me ocurren, ligadas a los tejuelos/teixells… que en fin, voy a dejarlo en un ‘continuará’… Esto habrá sido el episodio piloto de ‘The teixell/twilight zone’… la dimensión desconocida del universo del teixell/tejuelo… “Los mundos del tejuelo”, “El eco de los tejuelos”, “El silencio de los tejuelos”,… y así hasta la zeta de N Zwe y así hasta el 99 antártico.