Palabras más

Desde la infancia empezamos a aprenderlas y ya luego es un no parar de acumular. Palabras. Más palabras. Cada nueva palabra que se aprende es algo más que se conoce, es algo más que se visita. Se amontonan pero cada una guarda su especifidad. Algunas son fruto de la fusión de otras dos. O de la fusión con afijos. Forman familias, vecindarios, ciudades inmensas y paisajes en cada idioma. Cuantos más idiomas, más palabras. Ese ya es de por sí un motivo para aprender más y más.

Uno encuentra y reencuentra palabras, lexemas, monemas, fonemas, todo tipo de piezas en el rompecabezas que es cada lengua, cada dialecto y cada idiolecto. Las letras son a la vez corsé y larga capa de las palabras.

Y escribir es juntar palabras. Por más que juntaletras suene despectivo, desde el más inculto hasta Borges, cualquiera que haya escrito algo ha ejercido de juntaletras. El abismo del palabrismo mismo es también la chimenea por donde la verborrea humea. El lenguaje es juego y pillaje. Truco y detalle y remate, sonido y silencio, todo en uno y en libros o en libretas o hasta en la famosa nube, ahora, todo.

Las palabras siguen ahí, y sus causas, perdidas o reencontradas, sus étimos y sus casuales rimas, y sus acepciones y sus menciones y sus números, finitos o casi infinitos, millones. Cuando alguien quiere conocer más y más palabras, sumergirse en un nuevo idioma es siempre grato, sean meses, sean años o sea un rato. Ahí los diccionarios son como grandes almacenes, cada letra una planta pero tampoco solo eso, pues también hay palabras en pictogramas. Y tantas palabras raras sobre las palabras. Como las pasilalias. Como las algarabías. Como las tablas.

Y a veces ocurre. Alguien se saca de la manga una nueva. Y hasta puede querer decir algo. Algo nuevo, si cabe. Y a veces cabe porque había sitio. A mí me gusta inventarme palabras. Inventé una hace ahora 15 años: la ugrafía. Me sirve de marca. Soy un ugrafiador, el ugrafiador. Si la busco, al menos si la busco en la nube, me veo. Y hace menos de dos meses me inventé otra: el heptablogging. Y si la googleo ya, solamente semanas más tarde, me rastreo. Qué tiempos modernos, estos, en que no hace falta pasar por la imprenta para hacer nacer una nueva palabra. Basta con hacerla hashtag. Y ahí queda, si cabe, y hasta puede tejer y ser texto y téxtil y aunque quizás inútil, pues puede ser artefacto o artilugio o simplemente otra. Otra palabra.

Y otra semana, hilvanando así, y los sábados aquí, más y más puntos y aparte. Ugrafiando, que es gerundio. Y andando entre palabras, que de eso este, ahora ya, escrito, trataba y trata.

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